Es una pregunta que comienza a ser más recurrente. Los motivos son los siguientes: desde hace meses López Obrador es el favorito según la mayoría de las encuestas y así se ha mantenido a pesar de que el PRI y el Frente (PAN-PRD y MC) ya eligieron a sus candidatos, además porque ha perdido las últimas dos elecciones presidenciales y en la primera de ellas se veía invencible.

 

Esto hace que la pregunta sea compleja y su respuesta usualmente esté llena de frases como: “No lo van a dejar”, “Del plato a la boca…” o “Ya pasó su tiempo”. Sin embargo, cada elección tiene sus particularidades y en el actual proceso electoral existen elementos para pensar que este es el López Obrador más fuerte y con mayores posibilidades de ganar. Señalaré tres aspectos para abonar a dicha reflexión.

 

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López Obrador ha construido una red de apoyo a lo largo de su carrera política, pero desde que fue jefe de gobierno esta se fortaleció y comenzó a ampliarse a partir de la elección de 2006. Como actor político logró trascender al PRD hasta convertirse por sí mismo en un referente dentro de la clase política mexicana.

 

No hay otro político en México que en tan poco tiempo haya construido un partido capaz de disputarle el Estado de México y Veracruz al PRI.

Esta estructura no la tenía López Obrador en 2006 ni en 2012, lo cual le genera recursos económicos, presencia en todo el país y capacidad de movilización. No hay otro político en México que en tan poco tiempo haya construido un partido capaz de disputarle el Estado de México y Veracruz al PRI, o con amplias posibilidades de ganar la presidencia.

El control que el tabasqueño tiene sobre Morena propicia una excesiva lealtad hacia su persona y al mismo tiempo que no existan contrapesos que pongan en riesgo sus aspiraciones. Los únicos contrapesos que hay son entre los integrantes y las fuerzas políticas al interior del partido, pero al subordinarse ante López Obrador estas generan un equilibrio que les impide fortalecerse lo suficiente para competir por la candidatura presidencial. Sin embargo, esto no se ve en el horizonte ya que hasta este momento la fuerza de Morena es la fuerza de López Obrador.

Dicho partido no es la única fortaleza a nivel estructural con la que cuenta el precandidato, también lo es el vínculo con gremios, sindicatos, colectivos y organizaciones de distinta índole. Las cuales articulan una amplia red que sostiene territorialmente su candidatura y le funciona, entre otras cosas, para comunicar información, convencer a más personas y defender la propuesta política.

 

 

Una de las variables que van a intervenir en la próxima elección es la interacción en redes sociodigitales. No porque en la elección de 2006 o 2012 esta no hubiese existido, sino porque el número de internautas ha crecido exponencialmente. Tan solo de 2006 a 2016 el crecimiento ha sido superior a 50 millones y actualmente hay aproximadamente 70 millones de internautas en México.

La interacción virtual va desde escribir una opinión, compartir una noticia, comentarla, criticarla, responder un comentario sobre un video, crear un meme, participar o ser espectador en algún debate entre otros tantos ejemplos. Estas dinámicas reconfiguran el espacio público y replantean la clásica comunicación unidireccional entre la televisión, la radio, la prensa y el espectador. Además, el contraste en tiempo real que hacen algunos internautas sobre las noticias provenientes de cualquier medio o las declaraciones de los partidos o políticos tensiona dichas narrativas y genera la posibilidad de que otros internautas modifiquen sus ideas o las reafirmen.

En esa línea es posible que la interacción virtual se esté convirtiendo en un atajo cognitivo entre la política y los internautas, con lo cual el conocimiento sobre política no se reduce al consumo de medios informativos. Esta particularidad complejiza el proceso electoral de este año y sitúa a las redes sociodigitales como un espacio en disputa.

 

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